Culte a la cicatriu

Este proyecto explora la cicatriz como un lugar de memoria y como un espacio de transformación. La cicatriz no es solo el resto visible de una herida, sino también una construcción simbólica: una señal de que el cuerpo, la materia o la comunidad han resistido y han sido capaces de recomponerse.

 

Las obras, en su diversidad de soportes —instalación, escultura y pintura—, dialogan en torno a la fisura, la grieta y la sutura. Las formas lineales y cortantes evocan la incisión, mientras que los volúmenes de barro y materia acumulada sugieren la reparación y la permanencia. El contraste entre fragilidad y solidez, entre ausencia y presencia, resalta la tensión propia de toda cicatriz: aquello que cierra, pero que al mismo tiempo recuerda.

 

“Culto a la cicatriz” propone entender la herida no como una pérdida definitiva, sino como un espacio de resistencia y de significado.